El origen del belén, nacimiento o pesebre, como se le denomina a la
escena del nacimiento de Jesús, tiene bastantes problemas.
Y es que entre los historiadores no hay acuerdo en torno a la fecha de
origen exacto de esta costumbre de raíces itálicas. Sin embargo, las fuentes más fiables dicen que surgió entre el siglo XIV y XV y que tuvo que ver con una serie de representaciones teatrales que se iniciaron en la Edad Media.
Posteriormente estas representaciones que se hacían en las iglesias se
fueron sustituyendo por imágenes estáticas.
El pesebre llegó a América de la mano de
los conquistadores españoles, quienes acompañados de misioneros utilizaban la
imagen del misterio que resultaba “muy ilustrativa para el proceso de
evangelización”.
La iglesia ponía mucho énfasis en la ortodoxia, que se siguieran
fielmente los postulados católicos. Sin embargo, en América existen religiones
indígenas muy arraigadas y, por ejemplo, es muy normal en los belenes de
Bolivia que el niño en vez de nacer en un pesebre lo haga en la puerta del Sol
de Tiahuanaco, en el Lago Titicaca.
En cuanto a la imagen del nacimiento, en
principio se representaba sólo a la Virgen, a San José y al Niño.
Posteriormente se añadieron los pastores y los Reyes Magos, hasta llegar
a las escenas de mercado y de posadas que surgen entre el siglo XVIII y XIX.
Es precisamente en el siglo XVIII cuando el pesebre alcanza su auge
derivado de la tradición de Nápoles, pues es allá donde el belén se convierte
en un verdadero arte, pues los mejores escultores del momento participan en su
elaboración.




